“MOÑONA”
Entrevista realizada a: Mauricio Pardo
Por: Zoad Humar
“Lo que vez al final de “Moñona” es el reflejo de los sonidos que habitan Bogotá. Aquí hay Hip Hop, música clásica, electrónica, funky setentero, algo de rock. Eso es está ciudad, una mezcla de cosas, sonidos y personas que se entrelazan para crear historias”.
-Mauricio Pardo-
ZH: Mauricio Pardo es la persona que entrevistamos en esta oportunidad. Estudió publicidad en la universidad Jorge Tadeo Lozano. Comenzó su carrera profesional antes de concluir los estudios de pregrado llegando muy joven a dirigir comerciales. En 1999 ganó el premio a “Mejor guión de cortometraje” en una convocatoria cinematográfica del Ministerio de Cultura, con el cual hizo su primer corto de 25 min: “Moñona”. La película ha viajado a diferentes festivales de cine del mundo y gracias a ésta Pardo firmó un contrato con Fox. Él ha trabajado como productor de HBO y Movie City; y como productor y director de los comerciales de la compañía “Cinema Films”. Actualmente tiene dos proyectos de música electrónica llamados “NSDJ Makina Pristina” y “Los Campari Brothers”. Y, aunque no parezca creíble, en todos sus trabajos el hilo conductor ha sido, como él lo afirma, la música.
ZH: ¿Mauricio por qué dices que la música te llevo al cine y a la publicidad?.
MP: La música ha sido el hilo conductor de mi vida; siempre ha estado ahí siendo parte fundamental de las vacaciones, del estudio y del trabajo. Antes del cine ese es mi primer amor. Pero no es tan extraño, pues ambas artes han compartido escenarios en repetidas ocasiones. Tal vez la primera vez que me emocioné viendo con la mezcla de ambas fue viendo en TV, cuando era pequeño, la película de Elvis Presley, “Fun in Acapulco”. Un tiempo después de este hecho, encontré en una empolvada colección de discos de mí papá la banda sonora del film, y aunque hoy en día soy consciente de que no era la mejor peli de Elvis ni tampoco el disco más importante del rey del rock, me produjo gran impacto el descubrimiento.
ZH: ¿Cuándo comenzó tu gusto por la música?.
MP: La verdad no se dónde o cuándo surgió la obsesión. Pudo llegar por los primos más grandes que oían en aquel entonces “Pink Floyd”, “Yes”, “Queen” y los siempre presentes “Beatles”..., pero también por la radio escuchábamos “Abba” , música disco; y luego punk en copias mal hechas a los cassettes de los amigos. En mi primer colegio el San Carlos había un salón con un buen equipo de sonido. Nosotros llevábamos nuestros discos y sacábamos los parlantes al patio y poníamos a todo volumen “Led Zeppelin”, los “Beatles”, entre otras cosas. En segundo de bachillerato, por ejemplo, tuvimos una clase en la que analizamos la película de “Pink Floyd”: The Wall. Posteriormente, cuando me fui a estudiar al Emilio Valenzuela tuve una banda llamada “Las asquerosas morcillas rodantes”, que se inauguró con una guitarra de dos cuerdas y una grabadora pequeña de periodistas. Con este grupo tocamos covers de los “Pixies”, “The Clash” y de “Don Cornelio y la zona”, etc. Y aunque no duró mucho tiempo, entre finales de los 80 y principios de los 90 las morcillas rodantes fueron relativamente famosas en Bogotá.
ZH: ¿Por qué entraste, entonces, a estudiar publicidad?
MP: Como mi talento para la música es limitado pense estudiar ingeniería de sonido. Pero en Colombia no había, solo se podía aprender en Estados Unidos y valía un billete. Así que busque alternativas como publicidad y mercadeo. En ese momento la mejor universidad para estudiar publicidad era la Tadeo. Me metí a publicidad básicamente porque había un semestre de cine y uno de radio. En el colegio escribía cuentos cortos; y la radio me atraía muchísimo sobre todo porque crecí con un aparato de esos prendido. Paradójicamente en la carrera lo que descubrí fue el gusto por la publicidad.
ZH: Mauricio comenzó sus estudios a finales de los años 80, cuando la Tadeo era cómo el mismo lo sugiere una universidad de garaje, ubicada entre burdeles y calles destapadas del centro de Bogotá.
MP: La Tadeo era una universidad fea y loba, nadie pensaba estudiar allá. Todos querían ir a los Andes, o a la Javeriana. Digamos que no era un lugar play. Alrededor de ésta no existía nada, estaba lleno de atracadores y de prostíbulos. Desde los salones del 5to piso veíamos abajo casas derruidas, sin nada adentro, únicamente fachadas. Afuera en las puertas se paraban los dealers, la gente que vendía y compraba droga. Y sin embargo, aunque no muy chevere el lugar, dentro de lo caótico de los alrededores era estimulante y exótico meterse en el verdadero centro de Bogotá. Fue una época muy rica.
ZH: Me parece importante lo que planteas, porque pese a que el plantel académico no tenía gran prestigio, iba a la vanguardia de las necesidades laborales y culturales de nuestra época, ofreciendo programas novedosos con respecto a otras universidades de mayor trayectoria; en las que el arte, la arquitectura y la literatura seguían siendo las únicas posibilidades legitimas de expresar la creatividad. De hecho, estuviste a punto de ingresar a estudiar arquitectura en los Andes, pero algo te hizo cambiar de decisión y arriesgarte por un oficio joven, que sin lugar a dudas es en la actualidad muy importante.
MP: A penas abrí el telegrama de los Andes, en el que me contaban que aprobaban mí solicitud de entrar a estudiar arquitectura y que tenía que ir a matricularme a la semana siguiente, me di cuenta que no quería ser arquitecto. Que me había inscrito en eso porque era una carrera que tenia que ver con arte, pero era una versión del arte seria. Era una profesión respetable dentro de lo que a mí me gustaba. Afortunadamente tuve la lucidez de descubrir que por ahí no iba mi destino. En ese momento me decidí por la publicidad, que para la época sólo daba un título técnico. Luego hice un postgrado en producción de TV.
Lo primero que hice fue comprar una cámara de vídeo y empezar a trabajar con ella. Realice comerciales para las clases de la universidad; y se despertaron por primera vez mis sueños de dirigir un comercial. Antes de llegar a filmar había hecho radio en la Tadeo, programas de rock, etc. Luego empecé a trabajar con mi cámara y a descubrir el cine. En el último año me metí en una agencia de publicidad que se llamaba “Masullo & Toledo”, que era una de las mejores de la ciudad. Cualquier estudiante quería comenzar a trabajar allí, y aunque la experiencia solo duró un año, descubrí que en la vida deseaba volver a estar en una agencia. Paralelo a este trabajo seguía haciendo cosas en video, y como tesis del posgrado en televisión hice un documental sobre la escena del rock en Bogotá, estos son los años 90 o 91.
ZH: ¿Quieres decir que con ese video inauguras la relación estrecha que para ti tiene la música con el cine y la publicidad?.
MP: Finales de los 80 y principios de los 90 fue una buena época en Bogotá. Hubo un cambio cultural en la ciudad. Hector Buitrago, Andrea Echeverry y otros amigos abrieron Barbarie, que quedaba en la Candelaria; y en ese bar descubrimos que había muchas personas que compartíamos el gusto por un tipo particular de música. Antes de que esto sucediera no teníamos espacios que nos congregaran, andábamos dispersos por la ciudad.
En los años 80 en Bogotá se escuchaba y se hacia rock en español; estaba “Compañía ilimitada”, “Distrito especial”, “Sociedad anónima”, etc. Pero entre esto y lo alternativo, hubo un tiempo en el que no paso nada, hasta que nos dimos cuenta que un resto de personas en un ambiente subterráneo, underground, estaban escuchando The Cure, Pixies, y otras bandas que venían de Inglaterra y que se conocían como el “sonido Manchester”.
Todos mis grandes amigos son de esa época, los conocí en Barbarie. Fue un momento especial en Bogotá que sólo duró dos o tres años. Después de Barbarie se abrieron TVG, Membrana, Vertigo Campoelias, etc. Los aterciopelados estaban a punto de salir, y también un resto de bandas que en algún momento han sido importantes. Y yo quería hacer un documental sobre eso. Sobre los bares y mis amigos.
El documental lo terminé a pesar de los conflictos con el profesor, que quería un guión muy puntual, mientras yo en cambio estaba intentando hacer un documental que se construyera durante el proceso mismo de la filmación. Lo único que tenía claro es dónde y cuándo iban a tocar las bandas. Y allí estaba yo con una cámara de video 8. Dure 6 meses saliendo todos los fines de semana a los conciertos que había en la ciudad y grabando. Hice cientos de entrevistas que concluyeron en un documental llamado “Sonidos Ocultos”, tiene un tiempo de duración de media hora y es básicamente sobre la vida de Bogotá en aquel momento. Viéndolo ahora lo más revelador que tiene es a Hector Buitrago prediciendo lo que iba a ser “Aterciopelados”. Años después me pidieron el programa para pasarlo en un evento de rock que se llevaba a cabo en Medellín, además para un programa de Señal Colombia y para un festival de Rock en Río de Janeiro.
ZH: ¿Qué sucedió cuando saliste de la universidad?
MP: Seguí Trabajando en “Masullo & Toledo” y posteriormente comencé a realizar comerciales con el argentino Pedro Sosnitsky. Durante la dictadura en Argentina Pedro estudiaba cine en la Universidad de la Plata, que es la misma dónde ocurren los hechos de la película “La noche de los lápices”. Algunos amigos de Pedro desaparecieron; así que él aceptó la invitación de un profesor suyo que estaba trabajando Colombia y se vino para aquí.
Cuando entre a trabajar con él empecé desde abajo y fui ascendiendo; hice parte del equipo de técnico, de fotografía, luego me desempeñe como asistente de dirección y terminé como director. Fue una gran escuela, porque hoy se como funcionan los equipos, como cargarlos, cuanto pesan, etc.
También trabaje en edición que es para mí la parte más emocionante del proceso. Ahí se aprende muchísimo, por ejemplo cuando son o no buenas las tomas. He participado en la elaboración de comerciales muy famosos y que tienen un referente en la memoria nuestra, como el de una feria del libro donde aparece un mico rompiendo libros.
Viaje mucho con Pedro haciendo comerciales. Después algunos años de trabajar como asistente comencé a dirigir. Llegar a dirigir es difícil, no tanto por el proceso, que es exigente tanto en términos de creatividad como de producción, sino ante todo porque alguien esta confiándote un presupuesto de 100 o 200 millones.
La filmación de un comercial generalmente dura solo un día. No te puedes dar el lujo de tomarte tiempo extra. El comercial más barato que se ve en televisión, de 15 segundos, no baja de 40 o 50 millones. Pero al menos ahí está el dinero para jugar y experimentar nuevas formas.
ZH: ¿Que es lo que más te gusta de la realización de un comercial?
Realizar comerciales es muy emocionante. Al director le llega una historia en la que tiene que conservar su esencia para mantener el mensaje que se pretende comunicar. Pero lo que está en pantalla es una creación nueva; dónde se cuenta una historia comprimida, rápida, que requiere para su elaboración todos los recursos, el sonido, la música, las imágenes, etc.
ZH: ¿Y el cine?
El cine tiene otro encanto, es como una canción. Te produce sensaciones, te hace poner triste, te acuerda de cosas, te confronta.
ZH: ¿Y “Moñona”?
MP: “Moñona” fue un guión que escribí alguna vez y se quedo ahí guardado. Como otros tantos que tengo. Algún día lo volví a leer y me pareció que seguía siendo chevere. Y lo envíe a concursar en un momento donde comenzaron a ocurrir en Colombia cosas interesantes para el cine.
Con el premio del Ministerio de Cultura empezó quizás la aventura más grande de mi vida y posiblemente una de las más difíciles. Hacer cine es un proceso que puede resultar siendo doloroso; y más en un país como Colombia; que no dispone de la infraestructura y los equipos necesarios que se requieren en los procesos de edición, revelado de la película, etc. Sí a estas circunstancias le sumas que el presupuesto es muy limitado el esfuerzo se multiplica.
Aunque el premio fue dado a un guión de cortometraje, yo no quería que “Moñona” fuera un corto sino una película. Así que busque no repetir la típica historia en la cual al no haber presupuesto se corta el guión, se encierran a los personajes en un cuarto, etc. Yo quería que “Moñona” tuviera su propia banda sonora, una presentación espectacular, efectos sí los necesitaba; en fin, quería que tuviera todo lo que tiene un largometraje.
Por lo tanto, para mí “Moñona” no es un corto es una mini – película por los recursos con los que cuenta. Los 25 min que dura me llevaron tres años en los que hice de guionista, productor, director, camarografo, y miles de trabajos más para poder ponerlo todo en un negativo.
ZH: ¿En que lugar de “Moñona” está la música?.
MP: Quizás lo que más me atraía y la vez me procuraba más vértigo era hacer la música de “Moñona”; ponerle sonido a mis imágenes era un gran reto. Habría sido más fácil aceptar un mal encuadre, que una canción inadecuada.
Al principio me preguntaba si la banda sonora debía ser rockera o electrónica o la típica música de película orquestada. Durante el proceso entendí que la música debe ser la que necesita cada escena, cada personaje...
ZH: ¿Quieres decir que es cómo escenas de la vida cotidiana, en dónde todas tienen su propio ruido?. ¿Y cuál es el ruido de Bogotá?.
MP: Lo que vez al final de “Moñona” es el reflejo de los sonidos que habitan Bogotá. Aquí hay Hip Hop, música clásica, electrónica, funky setentero, algo de rock. Eso es está ciudad, una mezcla de cosas, sonidos, personas, que se entrelazan para crear historias.
“Moñona” es una película urbana, universal y Bogotana. Es grato darse cuenta que a pesar de su lenguaje universal, (el cual se hace más evidente por los distintos países donde ha gustado la película), “Moñona” refleja a Bogotá, a un momento y a una generación especifica. Y a mí me interesa eso, y trato de mostrarlo también en los comerciales que hago. Cuando sientes que las historias que tienes al frente te pertenecen, éstas se potencializan.
Obvio, uno a estas alturas de la vida es una mezcla de miles de cosas. Más en este mundo del Internet y la globalización. Está el cine europeo, también la basura de Hollywood, está el rock en ingles y el latinoamericano, pero sobre todo está mi ciudad, mis amigos y las calles que uno recorre a diario. |