"Yo me imagino haciendo estudios culturales y antropología"
Entrevista realizada a: Eduardo Restrepo
Por: Zoad Humar
ZH: Cuéntanos ¿Cómo llego el antropólogo Eduardo Restrepo a los estudios culturales?
ER: Bueno, aunque mí trabajo en Colombia era antropología (antes de irme al doctorado) ya me rondaban algunas preguntas, autores y temas que tienen empatías con los estudios culturales como son los movimientos sociales y la política de la diversidad.
Sin embargo, mí relación concreta empezó en Estados Unidos cuando tomé un seminario con Grossberg. Ahí decidí realizar mi doctorado en antropología con énfasis en estudios culturales, lo que me obligó a cumplir una serie de requisitos como tomar materias, tener un asesor y hacerme preguntas relevantes para este campo de intervención.
ZH: ¿Por qué decidiste combinar los estudios culturales con la antropología?, no es redundar sobre el concepto de cultura.
ER: El concepto de cultura que manejan los estudios culturales es muy distinto al de la antropología. El primero desarrolla sustantivamente las relaciones de poder. Es decir piensa como los significados que se otorgan a la realidad configuran relaciones de poder y como las relaciones de poder constituyen formas de significar la realidad.
La antropología no analiza eso, ella sigue engrampada en una visión de cultura que otroriza y reproduce nociones de diferencia e identidad, sin comprender las consecuencias que éstas tienen en la constitución de formas de dominación.
Pero además, el cientificismo de la antropología que se vislumbra en construcción de su objeto de investigación (la cultura), es cuestionado por los estudios culturales; ya que el sentido que para ellos tiene la teoría no es el de producir un mejor conocimiento, sino el de generar proyectos de intervención sobre el mundo, es un conocimiento para.
Otro aporte importante que los estudios culturales hacen es en la concepción de lo cultural en situaciones de complejidad. La antropología sigue condenada aún a sus orígenes; o sea, a pensar la cultura en sociedades (digámoslos así) “más simples”. En cambio, la otra aproximación es reflexionar la cultura en las sociedades complejas, en los procesos de globalización y de la modernidad.
ZH: Es entonces más contemporánea y acertada la opción teórica que tienen los estudios culturales sobre la cultura.
ER: Bueno no. Al menos en mí carrera profesional los estudios culturales no han sido una negación de la antropología sino una oxigenación. Yo creo que ambos proyectos se fecundan mutuamente.
La antropología le aporta a los estudios culturales muchas cosas. Primero cuestiona la vertiente textualista de éstos. La antropología piensa que hay que hacer investigaciones concretas para resolver un problema.
Además tienen un espectro teórico más complejo de lo que los estudios culturales imaginan. Los estudios culturales tienen elaboraciones muy importantes sobre las relaciones de poder y la ideología. Pero la antropología ha contextualizado y desarrollado con mayor profundidad la cultura.
Otro aporte fundamental de la antropología es la etnografía. Para la antropología la forma en que hacen etnografía los estudios culturales puede ser muy tenue. La antropóloga tiene una visión más sólida no sólo porque es su herramienta fundamental de trabajo sino porque esta “metodología” hace visible las representaciones de los actores sobre procesos concretos.
ZH: Partiendo de lo que nos has dicho, te ubicas dentro de los estudios culturales.
ER: Siempre, pero eso no significa que pelee contra la antropología. Yo me imagino haciendo antropología y estudios culturales. Soy antropólogo y practicante de estudios culturales. Para algunas personas eso es un imposible, porque piensan que los primeros son una negación de las disciplinas. Para mí no es así.
ZH: En tus investigaciones que bien podrían perfilarse dentro de la antropología cómo involucras los estudios culturales.
ER: Específicamente en mí elaboración teórica de la etnicización de la población negra. Eso significa, que hago en concreto un proyecto de intervención sobre los imaginarios encaminado al empoderamiento y problematización de movimientos sociales.
Es una genealogía política de cómo emergen, llegan, se dispersan y que estructuras de poder alimentan los imaginarios sobre “la cultura negra”. Lo que implica no pensar la etnicización desde una perspectiva antropológica y culturalista.
El otro nivel de intervención, tiene que ver con la esfera y el campo de los activistas con los que me relaciono. La conversación con el otro no se da como si este fuera un menor de edad, sino con la intención de lograr procesos de empoderamiento, en el cuál se discuten las prácticas que ellos están haciendo, para contribuir en el apuntalamiento del proceso.
ZH: Quiero que me expliques específicamente a qué te refieres por intervención, porque la antropología también interviene políticamente en las comunidades. ¿Qué sería lo particular de los estudios culturales en ese caso?
ER: La intervención de los estudios culturales busca lo que Gramsci denominaba el pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad. El pesimismo del intelecto trata de entender los amarres de poder. Y el optimismo de la voluntad es hacer de todas maneras intervenciones ligadas a procesos en el mundo real.
En este sentido, la intervención es una forma de política, y yo considero que esta no puede ser retórica, sino tiene plantearse como una práctica en el mundo, que además se problematiza así misma.
La antropología se divide en dos campos, uno desarrolla una práctica ciega y militante, que no se cuestiona y el otro se refugia en la teoría, convirtiéndola en la posición elitista o de nobleza académica.
Además, la antropología es muy poco conceptual, o sea piensa entidades con problemas específicos. Los estudios culturales en cambio buscan comprender las articulaciones, es decir ver como algo concreto se relaciona con otras líneas de significación, que a simple vista no son tan obvias.
Por ejemplo de Polities in the side, de Stuart Hall, empieza explicando como ellos no piensan el problema de la criminalización de los inmigrantes caribeños en Inglaterra. En otras palabras, el giro radica en que no hay una mirada clásica de la representación en la cuál se oponen inmigrantes vs los ingleses. La propuesta, en cambio, desarrolla cómo la construcción de ese otro (el inmigrante) esta ligado a un proyecto hegemónico más amplio, que determina y legitima una política de la diferencia, que no necesariamente es incluyente.
ZH: Después de tu doctorado ¿por qué no entraste a dar clases en los departamentos de antropología?, es decir ¿cómo te conectaste con las personas que estaban haciendo estudios culturales en el país?, específicamente con la Universidad Javeriana, institución que desarrolló el primer programa de especialización en este campo, en Colombia.
ER: En el 2001 hicimos un evento en la Universidad de Duke, Estados Unidos, donde yo estaba estudiando con Arturo Escobar; quién a su vez era cercano a Walter Mignolo. Ellos nos convocaron al encuentro al que asistieron además de Santiago Castro Gómez, Catherine Walsh, Aníbal Quijano, Edgardo Lander, Valery Coronel, entre otros.
Ese grupo de gente se conectó, en ese evento, y es ahí donde yo los conozco. Con Santiago mantuve comunicación desde entonces y él me propuso dictar unas clases en la Javeriana, así que al principio di una clase, al siguiente semestre otra y después apoyé la dirección de la especialización.
ZH: Tú descubres en el doctorado los estudios culturales y desarrollas esa línea de investigación. Pero que pasa con las personas que ya estaban trabajando estos temas en Colombia cómo los del Instituto Pensar, cuándo y cómo crees que ellos decidieron hacer estudios culturales en la Javeriana.
ER: Las trayectorias de cada uno de ellos son diversas. Hay personas que vienen del mundo empresarial, de las artes, la antropología y las ciencias políticas, entre otras actividades. Ellos podían tener elaboraciones previas que fueron conectando con los estudios culturales, pero en la medida que se enfrentaron a grupos de discusión y a maneras de hacer e intervenir la realidad, se va cristalizando el proyecto.
Santiago Castro, por ejemplo, tiene pregrado filosofía pero él no es sólo estudios culturales, su trabajo desarrolla temas de modernidad y colonialidad, que es otro horizonte y una trayectoria conceptual distinta, que actualmente hace parte de estudios culturales de la Javeriana.
Sin embargo, mí concepción de estudios culturales es conservadora. Eso quiere decir, que no toda la teoría social contemporánea o lo que se hace sobre cultura y política es estudios culturales. Éste es un proyecto ligado a una serie de características específicas y a una genealogía muy particular.
ZH: ¿Cómo defines entonces la especificidad de ese proyecto?
ER: Primero, los estudios culturales tienen una vocación política particular, que podemos definir como una teorización de lo político y una polinización de lo teórico. Lo que los convierte en una modalidad de teoría crítica pero no toda teoría critica son estudios culturales.
Segundo, es que los estudios culturales son interdisciplinarios, no porque acojan todas las disciplinas o porque la interdisciplinaiedad sea una retórica. Sino porque plantean que para enfrentar lo cultural hay que ir más allá de la cultura. Entonces, lo cultural no puede ser explicado en sus propios términos, sino debe discutirse en relación a lo económico, lo político y otras esferas de significación, que atraviesan a las sociedades contemporáneas y al proyecto global.
El tercer punto, tiene que ver el contextualismo radical de los estudios culturales, o sea estudios de lo concreto, de lo específico, donde la articulación es fundamental. El contexto es la red de articulaciones que definen algo en un momento determinado.
Otra característica es que los estudios culturales no son un relativismo cultural. Ellos no piensan que todo conocimiento es igualmente valido. La teoría importa y por lo tanto se inscriben a un tipo de la teoría y academia; pero no son definidos ni por la teoría ni por la academia sino por su voluntad política. La voluntad política tiene que ver con intervenciones sobre el mundo.
Teniendo esos criterios, tienes una visión de un proyecto claro que no está definido ni por los autores “clásicos” ni por las teorías que operan, sino por los proyectos políticos que gestionan. Incluso categorías tan centrales como las de hegemonía no son necesarias, son parte del bagaje, pero mencionar la idea de hegemonía de Gramsci no es hacer estudios culturales.
ZH: ¿Cómo empezó el proyecto en la Javeriana.
ER: Con una serie de eventos que se hicieron en el Instituto Pensar; guiados sobre todo por Santiago Castro, Oscar Guardiola y Carmen Millán.
Ellos coordinaron una serie de encuentros en estudios culturales a los que invitaron a Walter Mignolo, Catherine Walsh, Daniel Matos, Jesús Martín Barbero y otras personas de a estudios culturales en América Latina, así cómo a investigadores colombianos muy interesantes Zandra Pedraza, Oscar Saldarriaga, Guillermo Hoyos, etc.
A partir de ahí Santiago hace propuesta que no pasa en la facultad, que es crear un departamento y una maestría en estudios culturales. El decano, Jaime Alejandro Rodríguez acepta la especialización.
ZH: ¿Por qué no pasa la maestría?
ER: Yo creo que habían muchas personas en la facultad que se opusieron a los estudios culturales, por una parte porque desconocían que eran los estudios culturales, y por otra por la forma como fueron introducidos, como la superación de las disciplinas. Ahora queda un poco de eso aunque no se ha diluido del todo.
Por decisión del decano y otras personas se aprobó la especialización, que empieza en el 2002. Santiago es el primer director luego me toca a mi, posteriormente la dirige Alfonso Castellanos y ahora Marta cabrera esta a cargo.
El programa con unas serie de eventos y con unas personas muy particulares. Santiago Castro en concreto agencia los estudios culturales, teniendo al decano como aliado, quien fue muy importante y también a otros investigadores como Jesús Martín Barbero, Ingrid Bolívar, Cloe, que aplaudieron e impulsaron la propuesta.
ZH: ¿Cómo puedes definir los estudios culturales en la Javeriana?
ER: No es muy claro todavía. Santiago Castro Gómez, ahora Marta Cabrera y yo cuando hemos estado de directores hemos intentado definir una impronta. Pero de todas maneras hay muchas cosas que no creo que sean estudios culturales, lo que no quiere decir que eso sea malo.
Los estudios culturales en la Javeriana, en la práctica de quiénes la diseñan, tienen que ver con la teoría critica contemporánea, dentro la cuál está la corriente de Birmingham y el trabajo de Stuart Hall.
Que se llamara estudios culturales es muy arbitrario porque aquí no se dieron discusiones similares a las del doctorado de estudios culturales en Quito. Fácilmente estudios culturales, teoría critica, transdiciplinariedad, relación academia y sociedad es lo que queremos hacer.
ZH: ¿Qué significa para ti critica contemporánea?
ER: Teoría critica clásica es la escuela de Frankfurt y teoría critica contemporánea son un conjunto de elaboraciones teóricas que plantean que interpretar el mundo no es suficiente; hay que transformarlo, y por consiguiente, el conocimiento esta en función de esa transformación.
El conocimiento por el conocimiento no tiene sentido, sólo es valido en tanto es instrumentalizado en intervenciones concretas sobre el mundo. Incluso, se han dado cuenta que el conocimiento es una intervención sobre la realidad. Entonces, la teoría crítica se diferencia de las corrientes positivistas y neopositivistas en ese punto.
La teoría crítica ha estado cerca del marxismo, pero no es simplemente esta corriente. Hay teorías marxistas que no son marxismo y no en todas las teorías criticas el marxismo ocupa el mismo lugar o es lo mismo. El marxismo en la teoría crítica es más cercano a Gramnsi que a ciertos autores considerados los herederos más destacados de Marx.
ZH: ¿Cuál es la importancia de la creación de un programa en estudios culturales en la academia colombiana y bogotana y por qué ahora se planea la necesidad de hacer un departamento?.
ER: Los estudios culturales han sido importante en la Javeriana porque han posesionado ciertas discusiones con respecto a la antropología, a la historia y a otras disciplinas. En ese sentido son un espacio estratégicamente constituido para generar ese lugar desde el cual cierta bibliografía y conversaciones pueden circular más fácilmente.
Por ejemplo, es la posibilidad que ciertos autores de teoría crítica puedan ser leídos o releídos, de que ciertos problemas de la teoría convencional y de la teoría contemporánea se pongan otra vez sobre la mesa.
Es decir la importancia de la especialización y ahora de la maestría es esa, es la construcción de un lugar estratégico para establecer cierto tipo de conversaciones, para introducir ciertos autores no solo con respecto al campo de los estudios culturales sino también con respecto a otros ámbitos académicos a otras disciplinas. Es un acto de irreverencia y de intervención de la teoría crítica muy oxigénante.
ZH: Con respecto a la institucionalización de los estudios culturales, me puedes decir ¿cuáles consideras tu qué son sus pros y sus contras?
ER: Los pro es que por lo menos hay espacios de conversación de temas y teorías que a los estudios culturales pueden ayudar a pensar. Los contras es que los estudios culturales al institucionalizarse en universidades de elite, en Colombia y concretamente aquí en Bogotá, se academizan profundamente y se les mata su espíritu de irreverencia, de flexibilidad, anarquismo, complejidad. Es decir, todo el espíritu que alimentó a los estudios culturales por mucho tiempo. Y por otro lado la base social de la gente que hace estudios culturales; su clase y su nivel educativo no son el de poblaciones marginales precisamente. Así que su espíritu intervención y articulación con el mundo pasa por un artificio donde lo político se convierte en un principio retórico.
ZH: ¿Quiénes estudian estudios culturales en la Javeriana?
ER: Cada vez los estudiantes son más convencionales, con menos preguntas cercanas a lo que pudiera ser una articulación con estudios culturales; bien podrían estar en una maestría de comunicación. Son recién graduados y muy chiquitos en términos de su trayectoria intelectual, profesional, política, lo que los hace más convencionales. Así que llegan aquí por razones distintas a que estudios culturales sea su proyecto.
Estoy hablando de la generalidad, aunque hay personas que en concreto saben lo que quieren, pero el grueso hace una maestría por intereses profesionales, porque sirven para conseguir un trabajo o para la vida hoja de vida o el rango económico.
Al principio no era así. Las primeras cortes, quizás específicamente la primera, fue gente interesada en las preguntas y en los proyectos ligados a los estudios culturales. Llegaron después de haber transitado por diferentes planos, estaban más maduros, con más experiencias. Y configuraron un grupo muy interesante.
ZH: ¿Cuál es el impacto extracurricurral o académico de los estudios culturales?
ER: Hay que estudiarlo, no estoy seguro aunque pienso que es menos de lo que se dice. Yo veo cosas puntuales, abría que seguirle los pasos a personas que han incorporado los estudios culturales.
ZH: El momento en que se empieza a trabajar y conocer en Colombia autores que se clasifican dentro de los estudios culturales está muy relacionado con el Ministerio de Cultura y con la nueva figura de qué somos un país multiétnico y pluricultural. ¿En algún momento esos referentes son enclaves de tu trabajo?.
ER: Yo los veo como tecnologías de gubernamentalización, para mí no son importantes en el sentido celebratorio, sino porque son parte de toda una tecnología de lo gubernametal en la diferencia. O sea son un conjunto de técnicas de gobierno de unas personas en nombre de un objeto constituido que es lo cultural.
La constitución del 91 yo lo entiendo como algo que tiene que ver con una transformación en los imaginarios académicos y políticos de una época; y que no puede ser leída simple y llanamente de forma aislada sino que hay que entenderla en relación con otras esferas y otras prácticas.
Una lectura celebratoria del multiculturalismo o de la patrimonalización es lo más paralizante que hay en términos políticos. Las veo como tecnologías de gobierno que impactan subjetividades en curso.
La constitución como la creación del Ministerio de Cultura no son cabos tan seguros o tan problemáticos como mucha gente lo plantea. Hay que explicarlos en relación con otras cosas. Es decir no pienso la constitución como un simple reconocimiento de una verdad que ha estado oculta y como el empoderamiento por fin de unos sujetos que habían estado subalternizados.
Hay que entender que esa constitución pasa por muchos lugares de América Latina, en un momento particular y como esa constitución se conecta con muchos procesos políticos y no únicamente jurídicos.
ZH: Pienso que los estudios culturales son como una esponja que recoge muchas disciplinas y puntos de vista distintos.
ER: Lo que yo pienso es que mucho de lo que se hace en nombre de los estudios culturales es claramente anti estudios culturales. Y son simplemente la repetición de un estudio que se dice crítico pero realmente no lo es, un discurso que se dice anti, trans o inter pero es normativo. Yo pienso que mucho de lo que hacemos en la Javeriana es anti estudios culturales, es pura retórica, poco ejercicio del pensamiento desde lo concreto, poca articulación con la realidad.
ZH: Pero lo digo porque los eventos que se han hecho y los libros que se han editado funcionan como compilación de textos de personas que no necesariamente están inscritas en los estudios culturales pero si que platean una posición critica con respecto al mundo contemporáneo.
ER: Si, estudios culturales es un campo en el que pueden confluir personas con diferentes intereses, digámoslo así con trayectorias que se relaciona con teorías críticas. Pero también puede ser un campo donde hay un anestesiamiento cultural o político que reproduce un discurso sin fondo.
ZH: ¿Cuál es la relación de los estudios culturales en Colombia con otros de Latinoamérica? En qué momento se comienzan a identificar a esos otros latinoamericanos como pensadores del los estudios culturales.
ER: Esa tendencia tiene que ver mucho con Estados Unidos. El trabajo de Jesús Martín Barbero o el de Daniel Mato, entre otros lo ven como estudios culturales latinoamericanos. La academia estadounidense empieza a trabajar los estudios de área y éstos empiezan a identificar así.
Hablar, ahora, de estudios culturales, depende de muchas cosas. Por ejemplo, hay un seminario donde llega Catherine Wash y un combo de gente. Ahí el significante se mueve en torno a los temas de colonialidad – modernidad y o el proyecto de decolonialidad. Ellos no están interesados en responder si desarrollan o no temas de estudios culturales, incluso no sienten necesariamente que estén haciendo parte de éstos. Catherine Wash es la directora del doctorado en estudios culturales en Ecuador y ella hace parte tanto del proyecto de estudios culturales como también del de decolonialidad; de pronto los ve como si fueran lo mismo.