¿Cómo así que un país diferente a Colombia se siente con el derecho de decidir unilateralmente si un grupo alzado en armas, como lo son las FARC, merece o no ser considerado terrorista dependiendo de si liberan a uno de sus nacionales? ¿Por qué nadie protesta ante semejante insulto con los otros miles de secuestrados y con los millones de colombianos que estamos hasta la coronilla de las FARC? Es injustificable que el gobierno no proteste contra semejante atropello, ¿será que podemos seguir adelante si nos quitan el privilegio de comprar automóviles Peugeut o Renault?
Y no es el único caso reciente de prejuiciosa y desatinada posición de gobiernos Europeos, que realmente se acostumbraron a pasarse de la raya. Hace poco un funcionario del gobierno inglés se atrevió a calificar públicamente al pueblo Colombiano como “intrínsicamente violento”. Si mis clases de historia no me fallan no han sido los pueblos latinoamericanos los que iban por ahí invadiendo y colonizando a quienes consideraban más débiles porque no sabían matar con tanta efectividad y eficiencia. Se hacen muy los de la vista gorda todos aquellos que pasan por alto el hecho de que desde hace más de cinco siglos los procesos de colonización Europea no hicieron otra cosa que exportar sus sistemas feudales, convirtiendo a individuos que hasta ese entonces eran libres en esclavos y siervos en función de la satisfacción de su voracidad, ¿qué puede ser más intrínsicamente violento que eso?
Es fácil encontrar una buena cantidad de ejemplos concretos, solo hay que remitirse a cualquier texto de historia y revisar, por ejemplo, el colonialismo europeo en África, responsable de acciones de real e indiscutible genocidio. El caso más famoso, según mi muy pequeña investigación, corresponde al Libre Estado del Congo (actual Republica Democrática del Congo), un dominio privado del Rey Leopoldo II de Bélgica. En este territorio, rico en recursos naturales, la población fue esclavizada y obligada, aplicando métodos inhumanos, a producir riquezas para enviar a Europa. Se calcula que al menos 10 millones de personas perdieron la vida entre 1885 y 1908 a causa de la violencia colonialista, cuando el Congo, es convertido en colonia de Bélgica. La cifra de 10 millones de muertos, según los registros históricos, es un cálculo prudente, algunas fuentes hablan de 20 millones de muertos. Más o menos cerca de ahí, en Namibia sucedió algo similar, entre 1904 y 1915 cuando esta región era colonia alemana, los soldados alemanes con consentimiento de su gobierno asesinaron a mas de 80.000 habitantes de una población llamada Herero, empujando a sus victimas al desierto donde habían previamente envenenado los pozos de agua. ¡Y nosotros somos los intrínsicamente violentos! Seguro que sí, como digan...
Todo ese “desarrollo” europeo es también responsable de la trata de esclavos, específicamente de África a las Américas. Según mi informal investigación, no existen datos precisos sobre cuantas personas fueron arrancadas de su tierra a la fuerza y conducidas con cadenas hacia el “Nuevo Mundo”, pero varias fuentes estiman que, en tres siglos, de 1550 a 1850, unos 100 millones de africanos fueron reducidos a la esclavitud; estimaciones más prudentes ubican este número en 20-30 millones. Se calcula además que tan sólo el 30% de los esclavos llegaron a su destino, esclavos para reemplazar a otras poblaciones antes exterminadas: los habitantes originales de las Américas. Tan sólo en 4 siglos, los territorios que comprenden los actuales Estados Unidos y Canadá fueron testigos de cómo la población local pasó de 10 millones a cerca de 237.000, en su mayoría desplazadas a “reservas” que bien podrían ser consideradas como cárceles maquilladas. ¡Y nosotros somos los intrínsicamente violentos! Seguro que sí, como digan...
Son muy numerosos los casos de real barbarie donde se evidencia el subdesarrollo de los países Europeos que se autodenominan como más “desarrollados”, basta revisar un poquito la historia para encontrarlos apenas unos años atrás. Durante cientos de años los estándares con que algunos países pretenden medirnos y calificarnos no han sido más que una ilusión proyectada por estándares económicos amañados, utilizados para esconder su vocación a la guerra y para poder tildar a pueblos sin vocación guerrerista como “menos desarrollados”. Eso no está bien.
Llevan más de cinco siglos de explotación colonialista y matándose entre ellos en guerras realmente absurdas, ¿y nosotros somos los violentos? Que alguien nos explique por qué se atreven si quiera a mirar hacía acá con ojos inquisidores. Es importante y necesario que nuestro gobierno, como representante legitimo del pueblo colombiano, emprenda las acciones necesarias para detener este continuo y aburridor maltrato, porque sus efectos no sólo se limitan al ámbito moral sino que también se manifiestan a nivel económico, social y psicológico. A mí, personalmente, me da vergüenza con los más pequeños y con los que vienen después, a quienes les tocará crecer a merced de estas injusticias mientras los ahora adultos no movemos un dedo para cambiar esto de una vez por todas. No quiero ver a mis hermanos o a mis hijos hacerse grandes atribuyéndole a planteamientos absurdos el carácter de verdades incuestionables. Nuestro gobierno está en el deber de reaccionar y exigir respeto. Aquí nunca ha existido ni existirá el nacionalismo, nosotros somos incapaces de tales absurdos. Eso se los dejamos a todos esos países que se autodenominaron desarrollados.
Ni que hablar de los millones de muertos en segunda guerra Mundial, en tan solo ocho años de guerra se perdieron más de 60 millones de vidas (6 millones correspondiente a judíos asesinados); eso es 857 veces más que el total de vidas que muy entupidamente hemos puesto los colombianos peleándonos entre nosotros durante más de tres décadas. A ningún latinoamericano se le pasaría nunca por la cabeza apoyar a un individuo a quien se le ocurra empezar a profesar que todos los bolivianos cristianos son el cáncer del mundo y que deben ser borrados de la faz de la tierra; simplemente es imposible que nosotros permitiéramos el surgimiento de un ser como Hitler en Latinoamérica. ¿Y somos los violentos que necesitan ser salvados? Por favor que no nos hagan reír más con su aburrida actitud post colonialista que impusieron siglos atrás, cuando se inventaron que los indios y otros seres humanos colonizados eran incapaces de sobrevivir sin la ayuda e iluminación de tan ilustrados pueblos.
Pero ahora, cuando somos ejemplo de relaciones pacíficas, aparecen señores como los presidentes de Ecuador y Venezuela, que parecen empeñados en darle la razón a todos esos ignorantes (porque lo son) que no saben como seguir estigmatizando injustamente a todo un pueblo para ocultar lo que no les gusta de ellos. Es inaudito ver como Hugo Chávez y Rafael Correa invierten los pocos recursos que tienen en la compra de armas, de un puñado de aviones de segunda o un par de submarinos. ¡Que alguien los pare porque de la pura vergüenza ajena nos va a tocar a muchos pedir la nacionalidad en otro continente! Es vergonzoso lo que está haciendo Chávez: convirtiéndose en el mini Sadam Hussein de la región. Estos personajes no deberían ser considerados latinoamericanos, aquí no somos así.
Si gobiernos neo colonialistas quieren nuestro petróleo, vengan por él; si quieren el agua, vengan por ella; si quieren el oro, vengan por él. Nosotros les ayudamos a conseguir lo que su desarrollo y su voracidad tanto les demandan, lo podemos compartir; pero eso sí, les exigimos que tengan la valentía de pedirlo de frente sin tener que maltratar a los buenos latinoamericanos a través de sus acostumbradas prácticas y estrategias, siempre dirigidas a ocultar su voracidad al mismo tiempo que tratan de aparecer como salvadores.
No faltará el brillante economista latinoamericano que crea poseer todas las herramientas académicas para validar las prejuiciosas afirmaciones del autodenominado primer mundo, especialmente aquellos economistas que se sienten peces grandes sólo porque su pecera es pequeña y creen que el mar son las aguas del Norte, en donde reciben su formación o adiestramiento (tal vez un término más correcto) para aprender a nadar; “el caso chile”, “el caso chile”, “el caso Chile” repiten incesantemente, como les enseñaron a hacerlo… de verdad que son una pesadilla. Si dejamos esto en manos de los economistas van a ser muchas más las generaciones a las que le tocará aguantarse todas esas injusticias y payasadas. A ellos hay que perdonarlos y entenderlos porque realmente no saben lo que hacen, están muy bien adiestrados para sustentar los modelos que otros han decidido para nosotros y que utilizan para mantener su desmedida ingerencia sobre del bueno y pacifico pueblo latinoamericano.
Este mensaje, de una manera políticamente correcta y respetuosa como es nuestra costumbre, debería hacérsele llegar a los demás gobiernos del mundo, ya no deben calificar a nuestros descendientes de “tercermundistas” ni a nuestros países como en “vías de desarrollo” ni algo parecido, mucho menos cuando estas calificaciones se derivan de estándares amañados. O será que algún día nos “desarrollamos” lo suficiente como para ser capaces de matar millones de seres humanos en alguna estupida guerra; mejor aún, tal vez llegamos a invadir a otro país porque nos hacen falta sus recursos naturales; que se cuiden entonces, porque si nos “desarrollamos” lo suficiente como tanto quieren eso es una consecuencia natural de acuerdo a sus estándares.
Para finalizar, es necesario disculparse por toda la generalización a que se debe recurrir para no alargar aún más este texto, claramente la gran mayoría del pueblo europeo no está alineada con tanto prejuicio hacia la gente de este continente y de este país.
Los habitantes del continente latinoamericano nunca nos vamos a sentir mejores que otras culturas, simplemente eso no va con el espíritu de este continente y su gente; mucho menos los vamos a calificar de subdesarrollados, supradesarrollados, nordacas o con cualquier otro término despectivo que busque hacernos sentir mejor, únicamente porque nuestra atormentada conciencia necesita proyectar en otros lo que no nos gusta de nosotros. Unos cuantos europeos están necesitando urgentemente clases de historia y sesiones de psicoanálisis, desde aquí deberíamos ayudarlos a través de algún programa de asistencia y cooperación para la salud mental.
Los gobernantes latinoamericanos están en deuda con los ciudadanos que representan para emprender las acciones necesarias para terminar con todas los prejuicios que nos han sido impuestos como verdades incuestionables. Realmente no importa que cualquier persona prejuiciosa y desatinada muestre el cobre, sino que nosotros las aceptemos como verdades incuestionables, eso es lo realmente lo grave. Las generaciones que vienen no tienen porque aguantárselo, ¿o sí?
Mauricio López