CORTO Y PUNTUAL
MEDELLÍN SE PREGUNTA QUE TAN HUMANA ES SU MIRADA.
Por: Diego Calle Pérez. HISTORIADOR. Universidad Nacional de Colombia. Sede Medellín.
Este ensayo es una recopilación de varios interrogantes que nos hacemos varios amigos que hemos nacido y vivido en esta ciudad. Es un pequeño homenaje a todos y cada uno de ellos. A los muertos y a los vivos contertulios.
Medellín sigue avanzando en su desarrollo urbanístico a medida que va aprendiendo a disimular la miseria con obras públicas imponentes. Caso concreto: Metro-Cable. Amparada en el espejismo del progreso y la ilusión de comodidad que otorgan ciertos productos de la llamada “Modernización”. Ejemplo: Plan de masificación de computadores e Internet.
Los que hemos nacido y vivido en esta ciudad hemos asistido al espectáculo de la supervivencia en una ciudad que avanza al paso inconstante de la economía informal. Vimos como se vendía el MALBORO en los semáforos y en Junín con la Playa. La piratería de los libros en el pasaje peatonal Rafael Uribe Uribe y como se hacían y se hacen cambalaches de relojes robados en el pasaje La bastilla.
Observamos la abundancia de centros comerciales y en sus vitrinas las ofertas transnacionales adaptadas al gusto de los Medellinenses, las compras por crédito o club, “Flamingo le fía porque confía en usted”, la competencia de canales de televisión y la abundancia de programas sin medir su calidad y su contenido, salvo que tenemos en el canal regional el Defensor del Televidente y en el Colombiano defensor del lector.
Medellín modelo, porque no tenemos una o dos sino muchas cotizadas modelos, jovencitas que como dice la primera Mujer del Municipio, posan sus cuerpos ideales a pesar de las campañas de anorexia y bulimia. Aunque la Mujer del Alcalde asistió a todos los eventos de Colombia-Moda.
La historia en Medellín, su pasado reciente, no tiene una importancia destacada en la formación educativa, para Medellín su pasado reciente parece ser el tumor que hay que extirpar de una historia colmada de victorias de falso triunfalismo, la cuál solo le ha dado un gran ego muy grande a los representantes de la política Antioqueña o Medellinense.
Las películas de cine de Víctor Gaviria en las cuáles narra el Medellín que vivimos y padecimos, son en su momento un pasadizo para que ciudadanos del Poblado, Llano grande y de algunos barrios muy selectos de la ciudad, se paseen y transiten sin problemas por esa Medellín, tan ajena, tan desconocida y tan próxima a pesar de tanta información periodística.
Medellín es un cúmulo de secretos. En nuestras familias guardamos secretos del primo, del vecino, del tío o de aquel que por muchas razones se vio involucrado en los asesinatos o masacres de esquina de barrio. En algunas tiendas de barrio, cuentan historias de calles, vecinos, parientes y amigos que parecen sacadas de películas que uno ya hubiera visto en la sala de cine más cerca de tu casa, en nuestro caso serían para la época, el teatro Odón 80 o el Capri.
Nuestros consensos de secretos de ciudad han abierto más la brecha entro lo que se piensa y lo que se dice, entre lo que se queda en el ambiente familiar y lo que puede decirse en público.
Estamos y seguimos estando marcados por los prejuicios que nos han limitado a dar nuestras opiniones acerca de la política, el barrio, el sexo, la droga. Ese Medellín que muchos desconocen y que nos lo imaginamos. Hoy en Medellín, mantener ideales de Derechos Humanos, como los que profesaron Héctor Abad Gómez y Jesús Valle, es anticiparse al silencio que generan la amenaza, el exilio y la muerte.
Por otra parte, los habitantes de Medellín estamos marcados por un río que ha dividido la ciudad en dos grandes espacios geográficos. Y lo han marcado tanto que tenemos dos terminales de transporte terrestre intermunicipal y una serie de comodidades en unos barrios y en otros no alcanza ni para lo más mínimo como puede ser un Parque Infantil o una placa polideportiva.
Los habitantes de Medellín padecemos de miedo, de un miedo en nuestro imaginario colectivo, que creemos que se nos va a acabar esos poquitos momentos de tranquilidad y sosiego que muchas veces vive la ciudad por escasas horas o días. Guardamos en nuestros miedos el recuerdo de los registros de las atrocidades vividas por los carro bombas, los asesinatos selectivos de hombres públicos de la política, la cantidad de ajustes de cuentas a manos de la guerra sucia librada por el Cartel de Medellín.
Ahora bien, acuñar la frase “todo tiempo pasado fue mejor” para la reciente historia de Medellín, es evocar el peor momento que hubiera tenido Medellín que se ufana del discurso del desarrollo, el progreso y la modernidad, en los tradicionales hombres de negocios y de la política.
Medellín nos la muestran tan perfecta, que no cabe duda pareciera que viviéramos en un sueño constante y del cuál no quisiéramos despertar, es como un paraíso soñado por cada habitante.
Es contradictoria y paradójica Medellín, entorno a sus avances tecnológicos se dice que Medellín es la pionera del país en todo y comparamos con otras ciudades colombianas y nos llenamos de orgullo, desconociendo que fue de las últimas ciudades en implementar el uso del gas domiciliario.
“Antioquia la grande” frase acuñada por los políticos tradicionales de Antioquia, en especial Belisario Betancur, nos remontan en el ego de grandeza y progreso. Una grandeza que solo se destaca en el número de municipios que conforman uno de los Departamentos más extensos de Colombia y un progreso de bienestar que nos obliga a creer que el espejismo soñado es real.
El presente que vive Medellín es el intento de restaurar los elementos que algún día le dieron la fuerza a una sociedad de hombres emprendedores como Don Ricardo Olano, Jorge Restrepo Uribe y Pedro Nel Gómez, que involucraron su capital personal por dejar un legado de prosperidad a una ciudad en pleno auge de urbanización.
Si la nostalgia de un pasado no nos conduce sino a un historial de esfuerzos aislados, vale la pena volver a brincarnos esos esfuerzos de antes, o mejor empezar a reconstruir una idea de desarrollo, progreso, modernización, equidad social más coherente con el desarrollo de la sensibilidad, con una amplia comprensión de los variados y contradictorios procesos culturales por los que atraviesa Medellín en sus cuatro puntos cardinales y con el valor más importante que es el respeto por el otro como primera regla de convivencia que a su vez aparte las contradicciones y la heterogeneidad. Medellín se pregunta que tan humana es su mirada, solo resta decir es el slogan de la Administración Municipal 2004-2007, Compromiso de toda la Ciudadanía.