Autor: Anónimo
Correo electrónico: Anónimo
Fecha Publicación: 16/10/04

 

Los economistas peligrosos . Que los hay, los hay.

Si los entrenadores de Juan Pablo Montoya fueran economistas colombianos muy probablemente le enseñarían a mantenerse en la posición de partida, nunca le enseñarían como arriesgarse a pasar carros.

Los economistas son muy valiosos, importantes y necesarios, de eso no cabe duda. Lo que si las despierta es la respuesta a la interrogante sobre qué tan capacitados están para ser quienes lideren procesos de desarrollo exitosos, muy necesarios en el país.

Son personas que aprenden a actuar únicamente con las reglas de juego que modelan el estado de desarrollo actual, las mismas que lo explican y de alguna forma lo sustentan. Eso está bien y es necesario, pero solo hasta cierto punto. Apoyarse en el conocimiento que brinda la formación académica en economía es necesario e importante para entender que pasa, pero no es suficiente para generar las condiciones necesarias de cambio necesarias para el país. Dejarlo todo en sus manos implica el riesgo de dejar la solución en intangibles teorías, difíciles de traducir al día a día o, en el mejor de los casos, producen conclusiones en donde prima la idea de que no se puede hacer nada que genere realmente una diferencia. Eso es peligroso y muy dañino para una sociedad, pues aleja la solución de los problemas del lugar en el que deben enfocarse: la gente.

Maniobrar para mantenerse en la posición y la capacidad para adelantar carros son dos cosas muy diferentes; si los entrenadores de Juan Pablo Montoya fueran economistas muy probablemente le enseñarían a mantenerse en el lugar del que partió, nunca le enseñarían como pasar carros. Le enseñarían que hay grandes problemas como el viento, que ofrece resistencia al avance; que el motor en su máxima expresión de potencia no puede superar el motor italiano por la increíble aleación que ellos utilizan; que lo mejor es tratar de no adelantar para no correr el riesgo de un costoso impacto; que el diseño, como fue concebido, le da una ventaja innata a los Ferrari; etc, etc, etc. Creo que no tendríamos un campeón como el que tenemos, tendríamos un corredor tercermundista.

Hace unos meses recuerdo a un economista colombiano argumentado como no valía la pena construir carros en Latinoamérica, obviamente muy bien sustentado, con muy consistentes argumentos, jugando a demostrar su entendimiento del método científico (por que les encanta). Inmediatamente vino a mí la imagen de un economista alemán diciendo lo mismo y algo no me funcionó en la analogía, pero algo sí aprendí: los economistas son personas enseñadas a jugar con las reglas que han mantenido el modelo actual de desarrollo por tantos años.

Imaginen un escenario en el que la capacidad industrial alemana es destruida completamente. Seamos más específicos y visualicemos el muy indeseable e hipotético escenario de un atentado terrorista a gran escala en el que su industria pesada es destruida; ya no tienen la capacidad de producir maquinaria, incluidos esos bien diseñados y buenos carros. Esto significa que sus fabricas, sus fuentes de materia prima y conocimiento fueron eliminados de un día a otro.

¿Cuantos economistas alemanes cree usted que se van a levantar a la mañana siguiente diciendo que no vale la pena reconstruir su capacidad industrial, incluyendo entre otros, sus carros? Creo que como dicen por ahí, simplemente no les cabe en la cabeza, como a nosotros no nos cabe hacerlo. Esa es la diferencia entre maniobrar para mantenerse en la posición y la capacidad para pasar carros. Esa es la diferencia entre un economista tercermundista y un economista primermundista. A mí me gustan un poco más los segundos, lástima que hay tan pocos.

 

 

 

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