Edificios altos, nubes grises
Es de lamentar como en los últimos años, la proliferación de edificios altos en la ciudad de Bogotá, va ahogando poco a poco la belleza que caracterizaba la ciudad. Bogotá era sinónimo de buen clima, montañas de verde oscuro, sabana de verde claro, y cielo azul en Enero. Pero los edificios van cerrando la posibilidad de ver las montañas del oriente y será cada vez más difícil ver el cielo azul en su extensión. No es tan solo la altitud de los edificios, es también la construcción de ellos dentro de las montañas y sumado a ello, las canteras por la séptima que parecieran no haber terminado de ser restauradas.
Desafortunadamente parecemos actuar por nuestro cerebro exclusivamente racional y dejamos la parte límbica o lúdica a un lado. Nos parece mas importante ver el progreso en términos de edificios bonitos, y no percibimos la belleza de la sencillez de un árbol o de un atardecer. ¿Qué herencia hemos de dejar a nuestros hijos?. ¿Un mundo de concreto, ladrillo y vidrios?. Por mas bien combinados que estén éstos elementos, la ciudad pierde frescura y belleza entre ladrillos.
Debe existir una restricción a la altura de los edificios más estricta, pero igualmente al área verde que rodea a las viviendas. Toda vivienda o edificación debería tener un mínimo de área verde en la cual sea posible tener un espacio amplio entre edificios y tener la posibilidad de plantar árboles. Toda vivienda debe tener un espacio verde. Y si vamos a los interiores, debe existir una restricción a la altura de los pisos. Cada vez ve uno como los espacios entre piso y techo se van reduciendo. Que agradable se ven las viviendas antiguas con espacios altos. Pero no es tan solo lo agradable, es la frescura de las viviendas. Una altura adecuada permite la transferencia de calor entre las partes bajas e intermedias (por donde circula el ser humano), hacia las partes altas de los recintos. Esto es especialmente importante en las ciudades de clima caliente.
Si pensamos en paisajismo dentro de la ciudad, las viviendas de escasos recursos podían arreglar sus fachadas de forma económica pintándolas con pintura blanca y marcos de ventanas y puertas en color verde. Esto no es nada nuevo, los españoles nos dejaron esta herencia que estéticamente se ve muy bien. No hay que ir muy lejos, es de ver a Guatavita o a Villa de Leyva.
Es el momento de poner el gusto ambiental a la ciudad antes de que sea demasiado tarde. Pero para ello nuestras mentes deben conjugar lo límbico (sentimental) con el racional. Lo exclusivamente racional es lo rectilíneo, el no poder encajar la arquitectura antigua (republicana o colonial) con una nueva edificación que termina siendo de formas rectilíneas y materiales no afines. Lo racional es buscar las ganancias, construyendo conjunto residenciales no importando sacrificar bosques o áreas verdes. La contaminación entonces no es solamente química del agua o el aire, es también visual. Ya hemos visto soluciones nuevas y económicas como el EM traídas por una bióloga colombiana desde la India y Japón para la descontaminación del río Bogotá. De ser posibles serían muy buenas noticias. Pero también debemos preocuparnos por lo visual, no podemos dejarnos ahogar por el concreto... edificios altos, nubes grises.