Autor: Juan López
Correo electrónico: jlopez@bogotafuerte.org
Fecha Publicación: 16/10/04

 

Corrupción e irrespeto. Los corruptos son como alcohólicos o drogadictos, no se controlan sin importar cuanto daño hagan y se hagan. No se trata de ser despectivos, ni sarcásticos, es realmente una enfermedad mental que no ha sido tratada seriamente como tal.

La corrupción se gesta gracias al irrespeto o, mejor dicho, el irrespeto es una clase de catalizador hacía ese estado degenerado. El irrespeto es la sustancia que socava las resistencias que naturalmente nos protegen de convertirnos en seres corruptos; entender esto es el primero y más importante paso para la identificación y aplicación de medidas realmente efectivas y exitosas, que le hagan frente al proceso degenerativo.

Primero, el irrespeto diezma nuestras defensas (todos estamos expuestos, especialmente los tercermundistas) al validar y permitir el abuso con el entorno, después los complejos se encargan de hacer el resto del trabajo. El irrespeto permite que los complejos de grandeza y los sentimientos de inferioridad (que son básicamente lo mismo) se desborden en un individuo que, para alimentarlos, recurre a todas las practicas que conocemos y entendemos como corruptas, ¿Qué mejor solución que abusar de un entorno al que no se respeta y del que no se siente parte?.

Para tratar este mal no hay que hablar de ética, no hay que hacer seminarios de valores, simplemente hay que mandarlos a un buen psicólogo y de esta manera lograr que aprendan a respetarse y, de pasadita, a su entorno. Algunos podrán ser salvados a tiempo, otros no. Para aquellos que ya no tienen regreso (del proceso de degeneramiento en que han caído) el único camino es el castigo fuerte y ejemplar, por lo menos para desestimular un poco a quienes los miran con respeto y quieren seguir sus pasos.

Debería existir una organización llamada Corruptos Anónimos pues se está pasado por alto el hecho de que la corrupción es realmente una enfermedad mental, al igual que otros problemas que son tratados por psicólogos y psiquiatras. Aquellos que llamamos corruptos son como alcohólicos o drogadictos, no se controlan sin importar cuanto daño hagan y se hagan. No se trata de ser despectivos, ni sarcásticos, es realmente una enfermedad mental que no ha sido establecida y tratada seriamente como tal. La propuesta es que aquellos que entren al programa de Corruptos Anónimos sean tratados, permitiéndoseles subsanar el daño económico que generaron –por solo cuantificarlo de esta manera-. Afrontaron el problema, eso no es nada fácil y debe ser reconocido, entre otros, jurídicamente.

Aquellos que ya no tengan la fuerza para enfrentar su mal deben ser perseguidos, castigados y, también, tratados como enfermos, pero sin las ventajas jurídicas y económicas concedidas a los primeros. Son personas en quienes el proceso de degeneramiento estaría muy avanzado y representan, por ende, una amenaza constante para la sociedad y ellos mismos.

Sería muy importante que por lo menos empiecen a incluir buenos sicólogos, siquiatras o sicoanalistas cuando se reúnen en los innumerables foros que les gusta proponer a quienes dicen luchar contra la corrupción. Habrán dado un paso importante, en la dirección correcta. Pueden estar seguros.

Volviendo al irrespeto y como debilita nuestra resistencia natural a la corrupción, es más fácil entender el problema con ejemplos cercanos a la realidad del país. Entre los que llamamos políticos corruptos hay varios tipos, tenemos a unos que piensan básicamente (aunque en lugar de pensar sería más acertado decir que “se justifican mintiéndose”) “yo soy demasiado bueno y merezco mucho más por todo lo que hago”, o algo por el estilo. En general este personaje es en quien el sueño de grandeza unido a una dosis inimaginable de irrespeto por él y su entorno lo llevan a articular toda su inteligencia para, por ejemplo, hacerse de dineros públicos. ¿Cómo explicar que sabiendo que esos dineros no le pertenecen y van para personas que realmente los necesitan decida apropiárselos?¿Cómo dentro de su cabeza justifica su comportamiento?
No es tan difícil, dos ideas conforman la estructura mental que le permite actuar así: la primera corresponde al complejo que debe satisfacer y, la segunda, al irrespeto presente por ellos y su entorno. Un ejemplo, en la misma sintaxis que se presenta dentro del enfermo:

Complejo = “yo soy muy grande, hago mucho y merezco mucho”.
Irrespeto = “ustedes no son mis iguales”.

Además, existen otras ideas que, enquistadas en su cabeza, le sirven de soporte como por ejemplo:

Idea de Soporte 1= “todo el mundo lo hace...”
Idea de Soporte 2 = “quiero quedar arreglado...”
Idea de Soporte 3 = “esta platica no va a dar la diferencia...”
Idea de Soporte 4 = etc, etc, etc.

La formula es sencilla: Un gran complejo + Una gran dosis de irrespeto + Ideas de soporte = CORRUPCIÓN . La mano en el fuego por este planteamiento.

El irrespeto por ellos no lo pueden ocultar; no son pocos los que se jactan de “lo marranos” que son, con corazones contaminados y cuerpos que lo reflejan. Es por eso que el irrespeto es el puente que le permite a los complejos de personas enfermas manifestarse como corrupción. A estos seres enfermos hay que ayudarlos, a las buenas o a las malas, pero ayudarlos.

Los otros tipos de corruptos se diferencian únicamente en las ideas que sirven como soporte al complejo y al irrespeto, en la capacidad que tienen para robar (generalmente directamente relacionada con el nivel del cargo que desempeñan) y en el grado de auto-justificación con que validan su comportamiento. Cuanto mayor es el daño que ocasionan, mayores son las mentiras que deben elaborar para justificárselo.

La segunda propuesta (la primera es que sean tratados como enfermos mentales y no criminales en sus cabales), consiste en que se les deje de llamar corruptos y se les empiece a llamar ladrones acomplejados. Este es un termino mucho más cercano a la realidad, describe acertadamente quienes son. Necesitamos urgentemente una fuerza elite de sicólogos que los persiga y los ayude, algo como un GAULA de sicólogos a ver si se termina con este problemita tan aburridor.

Finalmente es importante anotar que es el colmo que siendo tan grave la extensión de esta enfermedad mental en nuestro país, aparezcan personas sosteniendo que es normal que exista la corrupción y que siempre habrán niveles tolerables. Que bonito punto de partida el que proponen! Más cuerda para los que lo hacen: “yo hago parte de lo que la sabia naturaleza requiere de corrupción”. Muy bueno ofrecerles otra posibilidad a estos enfermos para que se justifiquen, proveerlos con más ideas que les permitan seguir mintiéndose!. Esa no es la manera de empezar un buen tratamiento, así solo logran estimularlos para que se sigan ocultando en la mentira.

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