Bogotá desde afuera
Me gusta pensar en Bogotá como un enorme ser viviente que se compone de la interacción de un sin numero de gente. Gente que por supuesto vive allí, pero también gente que no necesariamente reside en la ciudad. Yo pertenezco a este ultimo grupo.
Desde hace cuatro años vivo en Inglaterra, pero como dicen allá: Se puede sacar a un hombre fura de Londres pero no a Londres fuera del hombre. Así me siento yo. Salí de Bogotá pero Bogotá no ha salido de mi. Pienso mucho en la ciudad y en Colombia, y creo que Bogotá fuerte puede ser un buen espacio para mantenerme en contacto con ella.
No vivir en Bogotá me ha servido para entenderla desde un punto de vista diferente. Pasa como con la gente. Cuando vivimos lejos de las personas que queremos, tenemos tiempo de pensar en ellas, reflexionar sobre la última vez que las vimos y planear que hacer para la próxima vez que las veamos. No dejamos de pertenecer a nuestra familia por mas de que vivamos lejos de ellos, así como no dejamos de pertenecer a la ciudad en donde crecimos y tenemos nuestros amigos más cercanos. Así pues, mi relación con Bogotá es tan cercana como antes aunque ahora haya muchos kilómetros entre los dos.
Una de las cosas que he entendido al vivir fuera de Colombia, es que Bogotá es una ciudad joven. Por supuesto eso no es nada nuevo. Es más bien en los pequeños detalles que uno lo comprende. Por un lado esta el espacio físico de la ciudad. Después de no ir por apenas dos años a la ciudad, me encontré con el trasmilenio, la nueva 80, la Caracas, vías, puentes y edificios totalmente nuevos para mi. En fascinante pensar que en este preciso momento Bogotá se esta construyendo. Estoy convencido de que si regreso a Londres en unos 30 años, el máximo cambio sería que en este GAP pusieron un MacDonalds.
Por otro lado, la juventud de Bogotá también se ve en la dinámica de la ciudad. Nuevas cosas ocurren sin tanta premeditación y la gente tampoco toma mucho tiempo para aceptarlas. Esto hace que Bogotá sea a la vez vibrante y caótica. Cosas como el día sin carro o la imposición y abolición de la hora zanahoria ocurren sin mucha discusión. La gente se adapta rápidamente a las nuevas circunstancias, pero al mismo tiempo no exige razón del cambio. Me parece que la atención de los Bogotanos se encuentra más en circunstancias diarias de la ciudad que en las razones que las producen.
La discusión sobre los asuntos de la cuidad es pasada por alto, en parte, porque los espacios de opinión publica, en donde esto podría ocurrir, están acaparados por el conflicto armado. Evidentemente, el conflicto Colombiano nos compete a todos y necesita de la reflexión publica. Sin embargo, la focalización de esta en la violencia , más que ayudar, causa una paranoia o apatía generalizada. No estoy de acuerdo con la tendencia de que para evitar esto se recurra a ocupar los espacios de opinión con modelos o fútbol, que pertenecen mas bien al entretenimiento que a mecanismos útiles para construir una sociedad. Un espacio de discusión sobre los asuntos de la ciudad es sumamente pertinente para entender que nuestra responsabilidad, como Bogotanos, es de ayudar a crecer a la ciudad y al país.
Desde mi residencia en el exterior quiero tomar parte en la construcción de Bogotá, un proyecto histórico en el que siento que podría tener la posibilidad de aportar algo. Sin embargo, todavía no tengo claro como podría hacerlo. Me parece necesario entonces mantenerme en contacto con gente que tenga mi mismo interés, para ver si juntos podemos generar ideas o a ayudar a desarrollar proyectos con este objetivo en común. Es por esto que Bogotá fuerte es una propuesta que me llama la atención.