“El efecto de la proyección es aislar al sujeto de su ambiente, ya que en lugar de una relación real con él (ambiente) se establece una relación ilusoria. Las proyecciones cambian el mundo a replicas de la cara oculta y negada de uno mismo” C.G Jung (Este señor es reconocido como uno de los más importantes científicos del comportamiento de la historia moderna).
La ciencia de la psicología posee la importante capacidad de transformar el sentido común en planteamientos científicos, un ejemplo de una de estas nociones cotidianas convertida en tema de estudio formal dentro de la psicología trata sobre cómo y por qué vemos en otros lo que no nos gusta de nosotros. Esta revelación del sentido común que es sustentada en la llamada ciencia del comportamiento identificada la “proyección” como una característica del comportamiento que nos puede servir como herramienta para entender el por qué del fenómeno observable en algunos gobiernos extranjeros y sus funcionarios, principalmente Europeos, que miran a América con ojos de superioridad y que la clasifican como perteneciente al “tercer mundo”, asignándonos un tono peyorativo a un calificativo que se inventaron inicialmente para agrupar un bloque de países ajenos a los conflictos que los intereses colonialistas tanto han promovido. ¡No es así porque estén en un nivel superior ni nada parecido! Esa muy nociva idea debe ser desterrada de la psique de los colombianos, porque permitimos que se nos metiera ahí, especialmente debemos desterrarla de la creencia de nuestros jóvenes que no merecen este injusto y muy perjudicial legado psicológico.Es responsabilidad de los medios de comunicación y del sistema educativo frenar de una vez por toda esta histórica injusticia, que obliga a nuestros jóvenes a aceptar una realidad distorsionada del mundo. Una distorsión que desaparece rápidamente cuando conocen de primera mano ese “maravilloso” mundo y se dan cuenta que prefieren el que ellos y sus antepasados han ayudado a construir pero del que por absurdas pero también poderosas razones terminan alejados física y espiritualmente, negándose la posibilidad de una vida realmente significativas al lado de sus seres queridos, donde pueden ser parte de un proceso constructivo y enriquecedor, no seres desterrados que nunca supieron realmente porque hacían lo que hacían, a qué lugar pertenecían y cuáles eran las responsabilidades que podían engrandecer y enriquecer su vida como sí las han tenido los jóvenes de muchos otros países. La vida de muchos de nuestros jóvenes se está convirtiendo en un interminable esfuerzo por ser quienes no son, por imitar a otros. Eso está muy mal.Todavía tenemos una gran cantidad de padres de familia, generalmente pertenecientes a la segundo o tercera generación de una familia proveniente del campo, que inocente e ignorantemente creen que lo mejor que le puede pasar a sus hijos es cumplir sus frustradas expectativas de vida, relacionadas con ese mundo exterior que no conocen pero que admiran inocentemente sin saber realmente por qué razón. En la gran mayoría de los casos nuestros abuelos tenían una fuerte relación con el campo, a sus hijos (nuestros padres) les brindaron la oportunidad de educarse, lo que solo era posible en las ciudades, donde entraron en contacto con un grupo clasista y acomplejado (porque todo sentimiento de superioridad tiene necesariamente un complejo que lo justifica y sustenta) que les trasmitió su enferma posición irrespetuosa y abusadora frente al entorno que les pertenece. Esta anomalía en su comportamiento, fruto de una percepción distorsionada del mundo fue finalmente transmitida a sus hijos, la gran mayoría de los cuales no puede ni siquiera cuestionarse por qué aprender otra lengua es más importante que tratar de utilizar correctamente la propia, por qué ser mejores significa parecerse a otros, por qué tienen que convertirse en inmigrantes en la etapa adulta de sus vidas cuando no tienen absolutamente ninguna de necesidad de hacerlo.Es realmente vergonzoso ver este fenómeno en nuestros días. Una cosa es interesarse sanamente por querer conocer el mundo desde una posición de equilibrio y autorrespeto y, otra, muy diferente y nociva es permitir que la autoestima dependa de la relación que puedan sostener con otras culturas en detrimento y negación de la propia. Eso está muy mal, es realmente el colmo que los adultos no detengamos este proceso y actuemos no sólo para sustentarlo sino para motivar (si no obligar) a nuestros hijos a asumir comportamientos y actitudes nocivas para su libre desarrollo. Esto se debe terminar, el daño que este fenómeno ha generado es incalculable y difícilmente reparable.